viernes, octubre 12, 2012

Explicación del 7-O para Santiago (y II)


Naciste, querido hijo, y no tenemos un demócrata como Presidente de la República, como te lo había prometido, con gran alegría y optimismo.
Te beso, Santiago, recién salido del vientre materno y se me espanta la desolación que nos dejó los resultados de un debate/combate electoral, que a duras penas podemos calificar de legítimo y democrático. La agrura reciente se me disipa y entra tu belleza recién hecha a llenarme de contentamiento, de esperanza, de alegría y de futuro.
Es inevitable que te involucre en mi vida de ser coexistencial, como somos todos los seres humanos, como eres tú. Es imposible que no te afecte la lluvia de confusiones que se ha cernido sobre nuestro país. Uno lee, Buruso, todo lo que le gente piensa sobre el último acontecimiento político, y pasa de sentir que Algo bueno está pasando a que una bomba cuántica cayó en Cabudare.
Claro, hay matices. Hay gente que está pensando con seriedad en el país desde hace muchos años y comprende que estamos viviendo un proceso histórico de largo aliento. Que no será fácil terminar de madurar como país, como sociedad política, que aún hace falta llegar al consenso general sobre el mínimo común denominador que nos identifique como venezolanos. Que crecer duele, como se ha dicho de múltiples manera desde los héroes de Homero hasta los protagonistas de la Venezuela heroica.
He comprendido que es fácil caer en la tentación de despreciar y despachar con una descalificación al otro, al distinto a nosotros, a quienes no comprendieron que Hay un camino distinto para llegar, no a la felicidad (asunto personal), pero sí a la tranquilidad que da tener un Estado decente, un gobierno sensible, con instituciones sólidas y un marco jurídico general y eficaz, en vez de una voz, de un redentor, de un enviado, de un reencarnado que tiene la pretensión de ser el gran conductor hacia la felicidad general y mundial, y que se cree por encima del orden jurídico y de los derechos humanos.
Ya sé, hijo, que lo único que tú quieres en este momento es un lugar acogedor para dormir, semejante al vientre de tu linda madre, que estas angustias mías están muy lejos de tu desesperación por succionar el líquido amoroso y alimenticio que surge de tu progenitora. Pero mientras te cambio los primeros pañales pienso en ti, en la manera de facilitarte y abrirte caminos para que busques tu propia felicidad y no la que un ser envilecido por el poder pretende que sea tu felicidad.
Mientras limpio los restos de tu cordón umbilical, con alcohol absoluto, suavemente, pienso que pertenezco a un lote de los venezolanos que permitimos que nos incomunicaran con el otro lote, que acepta gustoso, en su mayoría, uniformarse de rojo y repetir con alegría frases que se le ocurren a quien se cree protagonista y líder de la paz planetaria.
Hay que enfrentar la pretensión de convertir el espíritu de superación en anatema, hay que enfrentar a quien sostiene que criticar la incompetencia y la ineficiencia es una conspiración imperialista y de la derecha mundial, pero hay que acercarse, recuperar la hermandad con quien prefiere creer en estas cosas, y saber las razones de su posición. Hay que acercarse para acordar con esos seres humanos, coterráneos, y precisar los puntos en común, el consenso mínimo para terminar de construir este país.
Tarea titánica que ya se inició, Santiago. Vamos bien encaminados. No será fácil, no será rápido, pero si queremos tener un país que realmente nos pertenezca, tenemos que trabajar todos los días. Con lucidez, con el corazón abierto, dispuestos a ceder para conquistar civilización, derechos, para todos.
Crecer duele, Santiago, y tú lo sabes. ¡Tú que pasaste de medio centímetros hace apenas ocho meses a cincuenta centímetros en estos momentos! ¡Tú sabes lo que es crecer!
¿Y si es eso, querido hijo? ¿Y si se trata de emprender el camino de llegar a grande?

viernes, octubre 05, 2012

Explicación del 7-O para Santiago


Santiago es el ser más chiquitico de toda la familia. El domingo siete de octubre cumplirá 37 semanas y cuatro días. Permanece perfectamente encajado en el vientre de su maravillosa madre, se ha puesto con elegancia un doble collar con su cordón umbilical (coqueto él), y se prepara para el alumbramiento este martes nueve de octubre. Todo está encaminado para darle la bienvenida a este mundo, en medio de este alborozo que implica nacer en tiempos interesantes.
Santiago ya es beneficiario de serios compromisos de quienes creemos firmemente en la democracia y en el futuro promisorio de este país nuestro. Cuando nazcas, hijo mío, ya contaremos con un demócrata como Presidente de la República, electo por la mayoría de los Venezolanos. Un demócrata formado en democracia y que asumió con seriedad su oficio de político, de servidor público. Es grande el optimismo que nos ha despertado este ciudadano de bien, este flaco que se ha echado sobre sus hombros la esperanza de millones de coterráneos tuyos, de seres humanos con quienes compartirás una cédula de identidad, crepúsculos, mar, montañas y calidez humana. Nosotros nos encargaremos de que te sientas orgulloso de haber llegado al mundo en esta tierra de tanta luz y bullicio.
Santiago, nacerás en un momento de altas emociones, de decibeles elevados de pasión, tensión y esperanza colectiva. Pero es que así es nuestro país, un país que se ha negado de manera constante y –como diría tu abuela materna- sistemática, a ser uniformado por un pensamiento ideológico antidemocrático y antilibertario. Son muchos los seres humanos que se han fajado para que tú nazcas en momentos de mucha esperanza en el futuro, de un sentimiento compartido: “Venezuela tiene más futuro que pasado”. 
Estoy seguro: te encantará crecer en esta tierra bendecida por los dioses y que te brindará todas las oportunidades para que crezcas sano, feliz y divertido, con mucha alegría, rodeado de amor, seguridad y solidaridad.
Para que cuentes con el camino de paz y tranquilidad, los adultos que te esperan ejerceremos un derecho este domingo 07 de Octubre, un acto democrático, civilizado y pacífico, mediante el cual demostraremos  ser ciudadanos de bien, electores de tu felicidad y la felicidad de todos, amantes de la felicidad pública; acto que de manera decisiva influirá en tu vida, en tu vida que es más futuro que pasado, como esta Venezuela nuestra.

Ver la segunda explicación luego de los resultados del nacimiento de Santiago

lunes, septiembre 03, 2012

La hora del venezolano demócrata


Si Juan German Roscio hubiera vivido en nuestros tiempos, es muy probable que estuviéramos escuchando su voz, como escuchamos la de Luis Castro Leiva el 23 de enero de 1998, preguntando por los venezolanos amantes de la felicidad pública, que, hoy, no son otros sino aquellos que creen profundamente en la democracia y los derechos humanos como elementos fundacionales, constitutivos, guiadores y nortes de la vida en común.
Es que son los tiempos del venezolano de bien. Y lo son, porque llegó la hora de enfrentar lo peor que nos habita a los venezolanos en nuestra vida pública, en el ejercicio de nuestros derechos políticos. Y es en nosotros mismos que tenemos que buscar las virtudes cívicas tan pisoteadas y maltrechas en los últimos tiempos, tal como lo comprendió San Agustín en su particular búsqueda de Dios: “Y yo que te buscaba fuera de mí y tú que esperabas dentro de mí”.
Es cierto que la historia venezolana está llena de muchos hueros, de actuaciones públicas vergonzantes, que no son más que proyecciones sociales de los vicios que nos habitan como seres humanos, en los cuales parecieran solazarse quienes viven predicando nuestra inviabilidad como República o como Estado moderno. Pero también es cierto que hay en esa historia actuaciones sociales, colectivas o individuales, muchas veces formalizadas en actos políticos o jurídicos, que nos pueden llenar de orgullo y que deben ser la fuente de energía cívica para mirar y caminar hacia el futuro. Digo esto y es imposible no recordar a ese venezolano de bien, don Augusto Mijares y su concepto de lo afirmativo venezolano.
Estar entre los primeros pueblos de América que conoció, divulgó y que trató de poner en práctica, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa, significa que tenemos en nuestros genes históricos un incuestionable amor por la libertad. Un amor muy superior a toda esa parafernalia tramposa que se fundamenta en la “historia” o mitología heroica y la invocación de la patria y el patriotismo, llevada al extremo por el Gobierno chavista, que en estos tiempos ya tiene tintes cavernosos y que los venezolanos tenemos que jubilar de manera definitiva.
Ese amor por la libertad trajo como consecuencia que en Venezuela se reuniera una ilustración preindependentista, conocedora de las ideas políticas más avanzadas del mundo entero, que se ubicó a la altura de los hombres de ideas de su siglo. Es a ellos a quienes tenemos que aprender a recurrir, consultar y citar, para conjurar tanta proclama heroica que  invoca en nosotros el autoritarismo y el mesianismo.
En la historia de la mentalidad venezolana, hay un hilo libertario que parte –o se impulsa- desde la ilustración preindependentista  y que atraviesa toda nuestra historia, y que en estos tiempos se concreta en ese gran fenómeno político que constituye lo que ocurre alrededor de la Unidad Democrática.
No sólo hicimos recepción de las mejores ideas políticas del siglo XVIII y XIX, sino que protagonizamos actos políticos y jurídicos concretos que las ponían en movimiento en la realidad, con todas las críticas que se puedan elaborar a sus protagonistas, que no hacen sino confirmarlos como actos trascendentes desde el punto de vista colectivo.
Fuimos uno de los primeros pueblos de América y del mundo que eliminamos formalmente la esclavitud, conjuramos las peores pretensiones monárquicas y acogimos la República como la forma más justa y libertaria de organizarnos políticamente.
Venezuela fue el primer país del mundo que eliminó de la esfera jurídica la pena de muerte en la Constitución de 1864. Este es uno de los actos jurídicos que más nos llena de orgullo a quienes creemos seriamente en los derechos humanos como síntesis de la civilización universal.
El divorcio como institución liberadora y la enseñanza primaria obligatoria, son banderas del pensamiento liberal del siglo XIX que Venezuela puede izar con orgullo. Estamos entre los primeros países que consagraron estas conquistas del ser humano.
Nuestro siglo XX está lleno de proezas cívicas. Todo el impulso hacia la modernidad política, cultural y social protagonizada por la llamada Generación  del 28, todavía no terminamos de vivirlo. Tal como sostiene Manuel Caballero, este hecho fue el acontecimiento histórico protagonizado a conciencia por una generación de venezolanos, que bajó de los caballos el ejercicio de la política y sentó las bases para la discusión de ideas y pensamientos, como protagonista de los debates (que no combates) públicos, quitándole legitimidad a las armas y la violencia como herramienta de lucha política.
Mientras la mayoría de los países latinoamericanos vivían en la oscuridad de las dictaduras, Venezuela protagoniza el 14 de febrero de 1936 el primer acto que inaugura nuestra democracia: una marcha cívica, pacífica y con fines de transformación política. Y lo logró: se restablecen las garantías constitucionales, se suspende la censura a la prensa, se sanciona el abuso de poder y el Presidente de la República aprueba un plan de gobierno en consenso con los requerimientos de la organización social que condujo la manifestación. Teníamos un presidente demócrata a pesar de ser hijo del gomecismo.
De manera que no es la muerte de Gómez la que abre el paso hacia el siglo XX en Venezuela como lo expresa el gran Picón Salas, sino que lo es una manifestación democrática. Esto significa que tenemos una democracia que ya va para los 80 años, diría nuestro Manuel Caballero.
Se inicia la era democrática venezolana y ese hilo conductor de la nación cuenta con actos protagonizados desde la sociedad civil y desde el Estado, en una constante diatriba, silente pero con persistencia. No es cierto que en la sociedad venezolana no haya existido una oposición constante al Estado y su poder, sí ha existido y ha venido desde distintas esferas y en distintas intensidades.
Esa imagen que nos trata de hacer ver como una manada de borregos que siguen a los hombres providenciales en sus desmesuras, no deja de ser una visión pesimista y alejada de la realidad de nuestra historia. Ha habido momentos que parecieran de claudicación ante el poder del Estado y de sus caudillos, pero también ha habido despertares y reservas que no han dejado de luchar por la libertad.
La fundación de los partidos y movimientos políticos modernos desde 1936 hasta nuestros días es una manifestación clara del amor por la libertad del venezolano, que ha tenido fechas memorables y celebrables como el 23 de enero de 1958.
Hay en toda la lucha armada de la izquierda venezolana durante los años 60 y 70 del siglo pasado, momentos rescatables para la historia de la libertad en Venezuela. Sacrificios, luchas, manifiestos, ideas e interpretaciones de nuestra realidad, que a pesar de los errores de sus protagonistas, son manifestaciones claras del hilo conductor de la sociedad venezolana cuyo inicio hemos ubicado en la ilustración preindependentista.
Y desde el Estado, durante la satanizada Cuarta República, se llevó a cabo la mayor tarea de democratización y modernización de Venezuela, como nunca antes. Lo logros de esta etapa de la historia no han podido ser ni podrán ser desmontados o borrados por el mesianismo que hunde sus raíces en lo peor de nuestra forma de hacer política.
¿Nos ciegan los deslumbres de la democracia de la mal llamada Cuarta República? Pues no, ahí están los tremendos errores que cometieron, sobre todo, esos grupúsculos de malos políticos que conformaron los cogollos y que ahogaron las mejores iniciativas para profundizar la democracia del Estado y la sociedad venezolana, incluidos los partidos políticos, y con esa resistencia antidemocrática produjeron la exclusión de grandes sectores sociales que al final terminaron pasando factura con la elección de un  candidato que venía directo del peor caudillismo del siglo XIX, aunque él piense y le hagan pensar que es la síntesis de los revolucionarios del siglo XXI.
Sin embargo, la última década de la llamada democracia puntofijista estuvo marcada por hechos y actos que forman parte del acontecer libertario en Venezuela. El movimiento de las organizaciones de la sociedad civil, como formas de enfrentar y buscar salidas al ahogo de los grandes partidos políticos, movilizó favorablemente a la sociedad venezolana, aunque la exacerbación  de la antipolítica, atizada desde los grupos formadores de opinión, le hizo perder sus objetivos.
La elección libre de gobernadores y alcaldes, la descentralización política y administrativa, el voto uninominal, la creación de la justicia de paz, entre otros cambios, era el camino correcto para la mayor participación social, pero las ideas de Caldera se habían quedado en los años 70. El último presidente de la “partidocracia”, no creyó en la descentralización, la frenó y abortó los planes diseñados durante el mejor año de la democracia al final de la Cuarta: el gobierno interino de Ramón J. Velásquez.
No tengo la menor duda de que en los primeros años del gobierno chavista, hubo un resurgir del ánimo libertario. Ese ánimo quedó plasmado en muchas partes de la Constitución aprobada durante la Asamblea Constituyente de 1999, principalmente en todo lo relacionado con la consagración de los derechos humanos y la fuerza que se le da al Poder Judicial. Ese animus libertario se ahogó cuando el autoritarismo y verticalismo personalista del gobierno se hizo presente, y se puso en escena la verdadera esencia de este gobierno chavista: desprecio por las formalidades democráticas, militarismo, sectarismo, culto a la personalidad, caricaturización de la separación de poderes, irrespeto por los derechos humanos, todo con revestimiento y justificación tramposa de la lucha contra la pobreza y exclusión social.
Mientras tanto la oposición se movía en la incertidumbre. Se pretendió doblegar a la fuerza al chavismo y en ese trance el gobierno salió favorecido.
No obstante, el hilo conductor democrático, sin mucho aprecio por quienes manejaban las riendas de la resistencia al chavismo durante la primera década de su dominio, cual demiurgo, permanecía latente y logró su acomodo y actual esplendor en la Mesa de la Unidad Democrática, el gran fenómeno de negociación política y democrática de arranque del siglo XXI, sin precedentes en nuestra historia.
Un gobierno desorientado, conformado quizás por el grupo más ineficiente, incompetente y corrupto que ha tenido Venezuela en su historia, que ha dilapidado una fortuna semejante a la administrada por toda la Cuarta República, se enfrenta a lo mejor del civismo venezolano.
Henrique Tejera París tiene razón cuando sostiene que en Venezuela se ha implementado el peor escenario de la decadencia de una democracia: la kakistocracia o el gobierno de los peores, los más ineptos e incapaces.
En contrapartida, el liderazgo de la oposición se ha venido decantando y no hay duda de que hoy está conformado por un grupo de los mejores venezolanos, que se han dedicado a diseñar el plan de gobierno del candidato electo democráticamente, en elecciones libres y abiertas a todos los venezolanos. ¿No hay allí una manifestación del demiurgo democrático y libertario del venezolano?
Es la hora de quienes no solo creemos y nos duele Venezuela, sino de quienes sostenemos que sólo con democracia, con respeto por el Estado de derecho y los derechos humanos, que sólo con tolerancia y mentalidad abierta al otro, al distinto, que sólo mediante la selección de los mejores venezolanos y los mejores proyectos, podemos continuar hacia el futuro y el progreso.
No hay duda, es la hora del venezolano de bien, del amante de la felicidad pública, de quienes creemos en la cultura democrática, profundamente marcada por los valores que inspiran los derechos humanos como síntesis de la civilización universal.

sábado, julio 28, 2012

No podrán huir de la Corte Interamericana


La forma como el gobierno chavista se ha relacionado con  los organismos internacionales encargados de proteger los derechos humanos, resume muy bien su incultura cívica y democrática, su desprecio por los principios fundadores del Estado de derecho y de la vida civilizada.
En este tema, el de la protección y garantía de los derechos humanos como fin primordial y constitutivo del Estado moderno, Venezuela ha sido regresada por este gobierno “revolucionario” a los peores momentos del siglo XIX.
Prueba de lo expresado anteriormente es la guerra que el Estado venezolano le ha declarado a los órganos del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos. Primero, la vergonzante Sala Constitucional declarando inejecutables las decisiones vinculantes de la Corte Interamericana, con argumentos que harán pasar a la historia a Cabrera Romero, como uno de los más dañinos magistrados que ha tenido la República. Hay que ver el daño inmenso que la Sala Constitucional le ha provocado a la cultura jurídica venezolana.
Y segundo, la campaña sistemática de la Presidencia y la Cancillería, tratando de hacer ver a la Comisión y la Corte interamericanas, como herramientas de ataque del imperio gringo, cuando la realidad es que no soportan que se le demuestre su estado primitivo en materia de protección de los derechos humanos.
Es claro que el gobierno chavista quiere sacarse de encima un órgano de control internacional que no han podido mediatizar y corromper, como lo han hecho con el Tribunal Supremo y Ministerio Público venezolano. No soportan que se le muestre su atraso, su autoritarismo, su conducta incivilizada, y pretenden refugiarse en las cavernas predilectas de los autócratas y tiranos: la patria, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
Ahora quieren darle la estocada final al Sistema de Protección Interamericana: denunciar la Convención o tratado que lo crea y lo desarrolla.
Denunciar un tratado internacional es manifestar la voluntad de desligarse de sus disposiciones, huir de las obligaciones que se adquirieron desde su firma y suscripción. No obstante, la denuncia de tratados internacionales contentivos de derechos humanos no es tan fácil.
Y no es fácil que este gobierno huya del Sistema Interamericano, porque de acuerdo con la Constitución vigente, los tratados internacionales de protección de los derechos humanos tienen jerarquía constitucional. Es decir, la misma Constitución dispone que el contenido de la Convención Interamericana de los Derechos Humanos, tiene rango constitucional. Los órganos del Sistema Interamericana de los que venimos hablando (Comisión y Corte), a los efectos internos y de acuerdo con nuestro Derecho Constitucional, son órganos constitucionales. ¿Cómo se elimina un órgano constitucional o se deroga una norma de esta misma índole? Básico: mediante la modificación de la constitución que en Venezuela debe ser aprobada en referendo popular.
¿Puede el Estado venezolano libremente proceder a denunciar la Convención Interamericana? Con margen de duda, podemos decir que sí, de acuerdo con el Derecho Internacional Público. Pero, para poder hacerlo con efectos legítimos en el Derecho Interno venezolano, debe primero hacer modificar la Constitución y quitarle jerarquía constitucional a los tratados de derechos humanos. En específico debe modificar o eliminar el artículo 23 del Texto Magno, entre otros.
No podemos dejar de decirlo: de acuerdo con el Derecho Constitucional más avanzado no se puede eliminar una disposición como la contenida en el artículo 23 del texto constitucional (principio pétreo), por el principio de la progresividad en materia de derechos fundamentales, pero aún cuando no querramos avanzar en civilización, la modificación de la Constitución como acto previo a la denuncia de la Convención, es indispensable para que ésta tenga efectos en el ámbito interno.
Y dijimos que desde la arista del Derecho Internacional teníamos dudas de que la denuncia se pudiera hacer sin la previa modificación del Texto Magno, en vista de que las constituciones de los Estados modernos también son fuente del Derecho Internacional. Creemos que la misma Corte Interamericana, incluso órganos de protección del Sistema Universal, pudiera declarar ilegítima la denuncia de la Convención, por violar una norma del Derecho Constitucional venezolano que vincula internacionalmente al Estado. Tema un poco más complejo que no pretendo desarrollar aquí.
Es muy probable que este gobierno no se pare ante estos límite constitucionales, porque en su mentalidad primitiva, antimoderna y antidemocrática, estos límites son bagatelas sin importancia, vainas burguesas. Es previsible que los “genios” de la Sala Constitucional se inventen una argucia para despachar el tema.
Tal vez el gobierno termine denunciando la Convención, que para que tenga efectos debe transcurrir un año desde la denuncia, y todas los casos que se hayan presentado, con anterioridad en el Sistema Interamericano, seguirán su curso. Pero también es probable, que los venezolanos terminemos denunciando al gobierno y restablezcamos el orden en este asunto trascendente: la vigencia plena y progresiva de los Derechos Humanos.
No van lejos los que huyen, dicen.

sábado, mayo 12, 2012

No podrán huir de la CIDH


Lo acaba de decir con mucha claridad el académico Carlos Ayala Corao: para que Venezuela se desincorpore del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, que es lo que implica el abandono de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), hace falta una reforma constitucional, la cual como se sabe debe ser aprobada en referendo electoral. La verdad es que soy de quienes creen que ni siquiera mediante una modificación constitucional aprobada en referendo se puede huir de un sistema internacional de protección de los derechos humanos.
Los derechos humanos son conquistas de los seres humanos en contra de los estados y demás organizaciones con incidencia en la esfera vital del individuo. Y ya sabemos que estos derechos son irreversibles, irrevocables, intangibles, interdependientes, progresivos, internacionales y que forman parte de la esencia vital de los seres humanos.
La única manera en que se podría aceptar huir de un sistema de protección sería para la incorporación en un mejor sistema, es decir, para avanzar, para progresar, pero nunca para perder una instancia de protección.
Esta idea de los derechos humanos modificó hace mucho tiempo conceptos como la soberanía y seguridad nacional, que, sabemos, son los refugios predilectos de los gobiernos autócratas y totalitarios. La soberanía nacional cumplió su función en la lucha contra los colonialismos y los imperialismos, y hoy se ha reinterpretado a la luz de la protección del ser humano frente al poder político ejercido desde las instancias estatales. Frente a la protección plena del ser humano la soberanía nacional cede, se aparta, para que brille la libertad y autonomía de las personas.
Un país soberano abre sus puertas para que cualquier instancia internacional verifique el grado de cumplimiento de los derechos humanos y estará siempre dispuesto a aceptar las observaciones y recomendaciones para progresar en esta materia, que es la meta esencial de toda organización política de la sociedad. Hoy el fin primordial del Estado es garantizar la vigencia plena de los derechos humanos, que no es otra cosa que ser garante de la autonomía,  libertad y dignidad humana. Un Estado con este fin, ¿cómo se va a negar a la revisión de organismos internacionales, incluso a la revisión de un ser humano cualquiera que se interese por el tema de los derechos humanos en cualquier Estado?
En materia de derechos humanos todos quienes compartimos esa naturaleza tenemos la obligación y el derecho de interesarnos por su respeto en cualquier parte del mundo, pues en ese campo todos somos ciudadanos del mundo. Hemos conquistado la ciudadanía universal en este tema, que es el tema grande de los seres humanos.
Frente a las ideas expuestas, ¿cómo se puede sostener un concepto de soberanía y de autodeterminación de los pueblos para impedir el examen internacional de la vigencia de los derechos humanos?
En síntesis, frente a las garantías de los derechos humanos mediante los mecanismos internacionales, el concepto de soberanía y autodeterminación de los pueblos se reinterpretan o se jubilan.
Por todo lo expuesto, resulta vergonzante para los venezolanos que el gobierno pretenda esconder, declararse clandestino en materia de protección de los derechos humanos. No lo pueden hacer. No lo podrán hacer.

lunes, mayo 07, 2012

Yo no me voy


LECTORES

Nuevas firmas

Yo no me voy

Jairo García Méndez *
No insista caballo, no me iré de Venezuela. A pesar de que creo, con Vargas Llosa sin ser vargallosista, que la patria de todos los seres humanos es el mundo, una nostalgia, una fe injuriada, un sentimiento oprimido, que me une a este país, que me hace sentir estos soles, estas ausencias, estas soledades, como las únicas que en realidad me pertenecen. Así que hagas lo que hagas, "yo no me voy, yo me quedo aquí".
Y no vayas a creer que no me voy porque sea un tipo joven "sano" y "bueno", de acuerdo con aquella categorización poco feliz de una constituyente, de una diputada, futura ministra. Tampoco se imagine que es que no tengo una oportunidad, un chance, no: creo que en Malawi me darían empleo. No me voy porque pasearía mis agruras políticas y constitucionales por calles que no se parecen a las mías, no me voy porque quiero compartir la responsabilidad de sacar este país de la encerrona histórica donde ha caído. Así que sigue equivocándote, sigue con tus estrategias sectarias, con tus divisiones, con tus santidades, con tus "satanidades", haciéndole caso al "don" y oídos sordos para quienes saben cómo es la cosa, qué requerimos, qué nos echa para atrás, qué nos impulsaría.
No te ofrezco "lluvia de pueblo", te ofrezco lluvia de ideas. No te ofrezco tripas, te ofrezco neuronas. No te conjuraré señalando gallinas, te conjuraré despertando razones, sembrando flores, surcando la tierra con nubes.
Mientras tanto trataré de comprender el "proceso", de explicármelo, de señalar que el diputado de la peluquita que Cabrujas descubrió oportunamente, se merecía la jamaqueada, la patada. Pero también señalaré que creerse el ungido, el escogido, la voz, no pasa de ser un mal chiste en medio de nuestras urgencias colectivas.
Prefiero amarrar las rabias, tomarme un trago de Ballantine's cinco años, luchar, leer más, estudiar más, trabajar más, participar más, sortear las dificultades, posponer los planes habitacionales, la compra de un buen carro, las vacaciones en Atenas, las actualizaciones de mi biblioteca. No me convencerás de que la vida está en otra parte, la vida está aquí, Kundera, aquí, en mi país, con mis vecinos, con el loquito que me mira desde sus tristezas todas las mañanas, con Carlos, el albañil desempleado, quien toca a la puerta de mi domicilio alquilado buscando los cinco mil bolívares diarios: una pintadita al frente, una arregladita del lavamanos, una frisadita a la pared de atrás. O con Eduardo, el carpintero: una arregladita del closet, una repisita aquí o acullá... Mientras pasa la vaina, doctor.
Y mientras pasa la vaina, yo me visto de sueños y meto un principio constitucional en el microondas.
* Abogado

 EL NACIONAL - DOMINGO 20 DE AGOSTO DE 2000