Lo
acaba de decir con mucha claridad el académico Carlos Ayala Corao: para que
Venezuela se desincorpore del Sistema Interamericano de Protección de los
Derechos Humanos, que es lo que implica el abandono de la Comisión
Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), hace falta una reforma
constitucional, la cual como se sabe debe ser aprobada en referendo electoral.
La verdad es que soy de quienes creen que ni siquiera mediante una modificación
constitucional aprobada en referendo se puede huir de un sistema internacional
de protección de los derechos humanos.
Los
derechos humanos son conquistas de los seres humanos en contra de los estados y
demás organizaciones con incidencia en la esfera vital del individuo. Y ya
sabemos que estos derechos son irreversibles, irrevocables, intangibles,
interdependientes, progresivos, internacionales y que forman parte de la esencia
vital de los seres humanos.
La
única manera en que se podría aceptar huir de un sistema de protección sería
para la incorporación en un mejor sistema, es decir, para avanzar, para
progresar, pero nunca para perder una instancia de protección.
Esta
idea de los derechos humanos modificó hace mucho tiempo conceptos como la
soberanía y seguridad nacional, que, sabemos, son los refugios predilectos de los
gobiernos autócratas y totalitarios. La soberanía nacional cumplió su función
en la lucha contra los colonialismos y los imperialismos, y hoy se ha
reinterpretado a la luz de la protección del ser humano frente al poder
político ejercido desde las instancias estatales. Frente a la protección plena
del ser humano la soberanía nacional cede, se aparta, para que brille la
libertad y autonomía de las personas.
Un
país soberano abre sus puertas para que cualquier instancia internacional
verifique el grado de cumplimiento de los derechos humanos y estará siempre
dispuesto a aceptar las observaciones y recomendaciones para progresar en esta
materia, que es la meta esencial de toda organización política de la sociedad.
Hoy el fin primordial del Estado es garantizar la vigencia plena de los
derechos humanos, que no es otra cosa que ser garante de la autonomía, libertad y dignidad humana. Un Estado con
este fin, ¿cómo se va a negar a la revisión de organismos internacionales,
incluso a la revisión de un ser humano cualquiera que se interese por el tema
de los derechos humanos en cualquier Estado?
En
materia de derechos humanos todos quienes compartimos esa naturaleza tenemos la
obligación y el derecho de interesarnos por su respeto en cualquier parte del
mundo, pues en ese campo todos somos ciudadanos del mundo. Hemos conquistado la
ciudadanía universal en este tema, que es el tema grande de los seres humanos.
Frente
a las ideas expuestas, ¿cómo se puede sostener un concepto de soberanía y de
autodeterminación de los pueblos para impedir el examen internacional de la vigencia de los derechos humanos?
En
síntesis, frente a las garantías de los derechos humanos mediante los
mecanismos internacionales, el concepto de soberanía y autodeterminación de los
pueblos se reinterpretan o se jubilan.
Por
todo lo expuesto, resulta vergonzante para los venezolanos que el gobierno
pretenda esconder, declararse clandestino en materia de protección de los
derechos humanos. No lo pueden hacer. No lo podrán hacer.