Artículo publicado en Papel Literario de El Nacional, el día sábado 17 de julio de 2010.
Definitivamente Mandela no se dejó dañar el alma a pesar de haber sido víctima de un sistema infame, de una de las últimas infamias “institucionalizadas” del s. XX: el Apartheid. Y esa lucha espiritual que llevó a cabo consigo mismo para no dejarse poseer por el demonio inexorcisable del resentimiento, es el centro de esta hermosa película dirigida por la sorpresa del cine norteamericano en la que se ha convertido Clint Eastwood.
Allí está la belleza de la película, en enfocar, en tener como punto de vista la capacidad de un ser humano cultivado, para saber apreciar, percibir y aprovechar para la humanidad toda, una rendija para el cultivo de la dignidad, de los valores más poderosos del hombre, fundados en su capacidad para perdonar, uno de los aportes más hermosos del cristianismo a la civilización.
Y sólo personas con sensibilidad artística y humana, pueden concebir una película como Invictus. Un deporte que podría ser execrado como violento e inhumano, una pasión, es utilizada para darle un chance a millones de personas para enterarse que pueden tener motivos comunes que los hermanen, a pesar de todas las diferencias.
El Mandela de Eastwood supo leer a su país desde la humildad y la bondad humana, que hacen despertar las ganas de creer en un mundo mejor, a pesar de tanta estupidez que cargan las noticias diarias, y que crean tanto padecimiento y sufrimiento.
Invictus es para mí, una linda mirada sobre lo hermoso que habita a los seres humanos que no se rinden ante la maldad. Es una mirada que tiene como protagonista a un ser humano que siempre ha luchado por eso, por conquistar más humanidad.| EL NACIONAL - Domingo 07 de Febrero de 2010 | Siete Días/5 |
"Los grandes hombres son casi siempre malas personas"
Lord Acton
Hay una frase trillada de Lord Acton (Inglaterra, 1834-1902), que es como una esmeralda bien pulida, en medio de la basura humana: “El poder tiende a corromper, el poder absoluto, corrompe absolutamente”. Uno regresa a esa frase porque es sabia, desafiante y muchas veces vapuleante y abofeteante.
Pero que esta frase tan repetida y muchas veces despreciada y negada, la haya elaborado un historiador de la libertad como Acton, resulta en extremo interesante: Una persona que se dedicó a estudiar el más grande anhelo humano (la libertad) concluye que el poder corrompe, que el poder degenera, que el poder deshumaniza, que le quita lo más hermoso que habita al ser humano: la capacidad para hacer el bien, y no mirar a quién, como aquella frase del viejo programa cómico de la televisión venezolana, ya desaparecido, creo…
Por eso muchos sabios aconsejan huirle al ejercicio del poder, porque es la tentación máxima que un ser humano puede soportar, y el enemigo extremo que puede confrontar. Thomas Maculay, un poco más viejo que Acton, decía que “La prueba suprema de virtud consiste en poseer un poder ilimitado sin abusar de él”. Y Lincoln, quien ejerció el poder con suma prudencia en el mismo siglo de Acton, dijo aquello tan repetido: “Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder”.
Desde el martes 26 hasta el sábado 30 de enero de este año, hubo protestas al lado de mi domicilio. Unos muchachos se reunieron en el cruce de la avenida Venezuela con la avenida Los Leones, y comenzaron a exhibir pancartas con el eslogan exitoso “Tas ponchao” y a gritar que eran estudiantes y que pedían libertad. Los vecinos aplaudían y tocaban las cacerolas, mientras se armaban sendas trancas de vehículos en pleno atardecer.
No, no estoy de acuerdo con esta forma de protestar. Trancar una vía pública debería ser una de las últimas formas de protesta. Me gustan las protestas inteligentes, desafiantes de los lugares comunes, esas que llegan por una lado cuando todos las esperan de frente… Como la protagonizada por los chamos en los juegos de béisbol…
Pero debe dejar anotado aquí, una escena parecida a una persecución de las películas cómicas de antaño. El jueves o el viernes, cuando ya había violencia en medio de las protestas (cauchos quemados, improperios y represión de las Guardia Nacional), desde mi ventana vi a un muchacho que corría despavorido por una vía interna de la urbanización Fundalara II, perseguido por cuatro guardias motorizados. El muchacho saltó la verja de una de las casas y los guardias se pararon frente a ellas con sus pistolas en ristre. Otros zagaletones se pararon en la esquina de la calle y le lanzaron cohetes de fuegos artificiales. Uno de esos cohetes por poco alcanza la cabeza de uno de los gendarmes públicos. El muchacho perseguido trató de esconderse dentro de la casa, pero todo estaba cerrado. Los dueños de la casa ya estaban durmiendo o viendo televisión.
Dos gendarmes saltaron la verja de la casa y violaron el domicilio de estos vecinos, quienes salieron, trataron de calmar a las partes, abrieron la puerta y el muchacho fue arrestado. Creo que lo liberaron al día siguiente y la prensa no informó qué fue lo hizo este estudiante para merecer tan enérgica y violenta persecución.