viernes, diciembre 22, 2006

La belleza en la historia


Historia de la belleza, uno de los libros más hermosos que he tenido en mis manos, es una compilación de las ideas y las imágenes que los seres humanos nos hemos forjado alrededor de lo bello. Umberto Eco nos presenta cada período histórico y selecciones breves de los textos que hablan de esa armonía, de esa gracia, del deitas que estamos construyendo los seres humanos desde el principio de los tiempos.

Hojear y ojear este hermoso libro es encontrarse con el arte… No encuentro mejor acompañante para las bellas tardes barquisimetanas, que buena compañía, buen vino y la lectura y contemplación que permite Historia de la belleza

jueves, diciembre 21, 2006

Mojados en el Car Wash


Casi todos los personajes de los violentos cuentos de Salvador Fleján en Intriga en el Car Wash, son venezolanos mayameros, inmigrantes oscuros y sin esperanza. Personas que han visitado el inframundo y surgen sin visitarse, condenados casi todos. Cuentos bien estructurados, estuve a punto de decir, violentamente estructurados, debido a los cambios drásticos en el tiempo, en la mirada del narrador. Nuevamente me enfrento a la violencia coleada en la literatura.

Me parece que Óvnibus, Miss Nueva Esparta y Grandeliga, son los cuentos más logrados, mejor disparados, en los cuales da Fleján en el centro del tablero. Una narración drástica, muy de los tiempos que vivimos los venezolanos, y esos personajes que casi se nos olvidan por su pulsión trágica. Bien por Fleján, imagino que ha exorcizado demonios en cada uno de esos cuentos.

Recomendable mojarse aunque sea en el seco de las páginas de esta colección de cuentos que nos regala el amigo Salvador. Eso sí, todos los cuentos están narrados con exquisitez venezolana y excelente manejo del lenguaje y la forma literaria del arte de contar cuentos…

Una enfermedad violenta


Que dos temas universales sean tratados con buen estilo y humor (entre lo negro y sin drama) venezolano, es un éxito, sin duda. Y así es La enfermedad, de la cual hasta el mezquino Manuel Caballero escribió una nota entre elogiosa y egocéntrica, e hizo despertar al sagrado y particular Rulfo nuestro, Adriano González León, para aconsejar a Barrera Tyszka y advertirle que un premio no se recibe impunemente…

Pero nada, ya la novela anda de mano en mano, miles de lectores de Hispanoamérica y España andan metidos en los temas de un hijo sufriendo la enfermedad de su padre y un obsesivo hipocondríaco viviendo su propia enfermedad. Con su estilo frontal, muy directo y casi brutal, como me observó el gran Federico Vegas, Barrera nos inmiscuye en la relación paterno-filial, en medio del trance de la muerte (no permita que muera en silencio, le dice el padre); y en el poder de las letras en la comunicación humana representada por la secretaria del doctor Miranda (una venezolana x) y el enfermo imaginario.

Dos temas en yuxtaposición descritos con excelente técnica en el manejo del tiempo, la mirada del narrador y los movimientos de escena que atrapan y seducen, aunque de manera un poco violenta. Quizás nuestra violencia diaria se le coló al narrador. Aunque se agradece el cambio del tiempo cuando el hijo le echa el cuento al padre, después de un viaje, sobre la acechanza de la muerte: pasa del presente al pasado, y eso hace menos violenta la escena…

Me atrapó la novela y me siento orgulloso de compartir un cartón de identidad con nuestro Alberto Barrera…