jueves, marzo 22, 2012

El gran fenómeno político del siglo XXI en Venezuela

Lo acontecido alrededor de Unidad Democrática venezolana, marcará nuestro devenir histórico en este siglo que nos tocó vivir.
Lo diré sin ambages: la Mesa de la Unidad Democrática será el gran acontecimiento político, si no de todo, por lo menos de la primera mitad del siglo XXI venezolano.
La MUD es la síntesis de lo mejor que tenemos los venezolanos, como país, como sociedad, como comunidad política. Se trata de la más grande negociación política que hayamos vivido los venezolanos en nuestra historia. Y se trata del rescate de la legitimidad entre los venezolanos de la negociación y transacción política, democrática, muy lejos de los acuerdos cogollocráticos y también del voluntarismo militarista. Ya podemos hablar de negociación política sin que nos quede por dentro el mal sabor de la degeneración de lo político entre los venezolanos.
La Unidad Democrática surgió de nuestro propio devenir histórico. Hunde sus raíces en los mejores proyectos democráticos y civilizados que hemos tenido en nuestra historia, para lanzarnos hacia el futuro, nuestro propio futuro. Y en el camino tuvimos que padecer los errores propios de grandes procesos colectivos: enfrentar la tentación autoritaria desde la lucha intestina de intereses, alejados del espíritu democrático.
Ante los errores y fracasos de una oposición, cuyo liderazgo estaba ajeno del devenir histórico, del “espíritu nacional”, con escasa cultura política y democrática, surge la Unidad Democrática para señalar el rumbo, de largo aliento, como toda solución que implique el respeto por los principios universales de la democracia y de los derechos humanos.
La Unidad Democrática cambió el norte de la oposición venezolana, pues no se trata de salir de Chávez como sea, sino de salir de lo que el chavismo ha representado, sin menospreciar las grandes denuncias articuladas por este acontecimiento político que  eran –y siguen siendo- oportunas y legítimas. Se trata de salir de la irresponsabilidad en el manejo de los asuntos públicos, de la improvisación, del desprecio por la institucionalidad y legalidad democrática, del personalismo en el ejercicio del poder, del centralismo burocrático regresivo, del irrespeto por la cultura de los derechos humanos, del sectarismo y la intolerancia, de la exclusión y discriminación ideológica, de la confusión entre partido político, gobierno y Estado, de la manipulación sistemática, del sacrificio de los valores humanos por intereses ideológicos y del aferro corruptor al poder, inclinaciones que también hunden sus raíces en nuestra historia, pero en lo peor de nuestra historia.
Haber cambiado el “enemigo” de la oposición venezolana, despersonalizarlo reflexivamente, trascender la visión cortoplacista y el desprecio por el pueblo chavista, ha sido el gran logro de la Unidad Democrática, que amerita empeño e impulso para consolidarlo.
Lo acontecido e impulsado por la Unidad Democrática, es el punto de arranque para consolidar la democracia en el país, conjurar la pulsión heroica en política, conquistar más civilización, más sensibilidad ciudadana y social. Para crecer como pueblo.

La élite de los venezolanos

A pesar de que los revolucionarios utópicos (de buena o mala fe) proponen la extinción de toda élite, económica, intelectual o de cualquier índole, ésta se niega a desaparecer. Parece natural que en todo pueblo o comunidad, exista un pequeño grupo de personas que se empeña en mantener el estado de cosas o se atreven a impulsar y desafiar el orden establecido tras la búsqueda de un mundo mejor. Y ¡lo logran!
En Venezuela ha existido y existen élites de toda índole. Una élite ilustrada pre-independentista que logró impulsar la mayor transformación social que ha vivido nuestro país y el continente entero: la élite de los libertadores. Esa élite que se concentró en Caracas y se extendió por toda Suramérica llevando ideas libertarias, de igualdad, propias del pensamiento republicano, que tanto bien hizo a la humanidad entera. Todavía somos beneficiarios de las ideas y luchas de esos venezolanos ilustrados, a pesar de que muchos de ellos permanecen ignorados o ensombrecidos por la adolescente necesidad de guerreros-héroes que aún nos caracteriza como sociedad, pero que muy probablemente terminará superada ante el acecho heroico y su fracaso que hemos padecido durante los últimos tres lustros.
También ha existido una élite conservadora, especialmente vinculada con la actividad económica y financiera del país, adminiculada con la élite política o de quienes han ejercido el poder público. Esa élite que prefiere la injusticia del orden al desorden de la prosecución de la justicia, en términos de Goethe.
Durante las tres cuartas partes del siglo XIX los venezolanos vivimos la destrucción de las élites coloniales y su reconstrucción nos llevó más de la mitad del siglo XX. La generación del ´28, tan bien estudiada por nuestro historiador mayor, Manuel Caballero, y tan vilipendiada por un intelectual del chavismo como Luis Brito García, ha sido la mayor élite intelectual y política con la que hemos contado los venezolanos en la modernidad. Ese grupo de estudiantes, idealistas, luchadores y luego devenidos en intelectuales, estadistas, políticos, periodistas, parlamentarios, le dieron el gran impulso, el gran empujón a los venezolanos hacia la modernidad. A ellos le debemos la mucha o escasa cultura democrática que tenemos los venezolanos.
Y ha habido también contra élites: grupo de personas que se oponen con éxito o no a las élites dominantes. A veces logran constituirse en nuevas élites, sólidas, con pensamiento y organización (Acción Democrática, por ejemplo) y otras veces terminan en fiascos, en bandas que sin mucho andar histórico terminan disueltas como cualquier grupúsculo vandálico y con intereses alejados del espíritu del país. Grupos focalizados, revoltosos y hasta mafiosos que trastocan la historia de un pueblo en crisis, pero sin consecuencias mayores en la conciencia colectiva.
El chavismo se debate entre esas vertientes. O da un  paso gigante hacia la constitución de una élite política o terminará como una banda de malhechores del siglo XXI (con elecciones y todo), copia de las bandas que asolaron el siglo XIX venezolano.
Sin embargo, todo pueblo tiene una élite invisible. Su demiurgo, su alma. Se trata de un grupo de personas conectadas espiritualmente. Es el grupo de personas que impulsa de generación en generación al pueblo hacia el avance, hacia la conquista de mayor bienestar colectivo. Es la élite pre-independentista vinculada con la generación del ´28 y con quienes hicieron posible el largo período de bienestar democrático, con todos los errores y desviaciones, pero con logros concretos y valiosos, sembrados en la conciencia colectiva. Es una élite de venezolanos de bien, de ciudadanos, que están unidos más allá de las clases sociales y económicas que el chavismo ha querido enfrentar. Son los venezolanos que le darán el empujón al país hacia el mayor bienestar posible en el siglo XXI, y que intuyo se encuentran organizados alrededor de la Mesa Democrática.