Lo acontecido alrededor de Unidad Democrática venezolana, marcará nuestro
devenir histórico en este siglo que nos tocó vivir.
Lo
diré sin ambages: la Mesa de la Unidad Democrática será el gran acontecimiento
político, si no de todo, por lo menos de la primera mitad del siglo XXI
venezolano.
La
MUD es la síntesis de lo mejor que tenemos los venezolanos, como país, como
sociedad, como comunidad política. Se trata de la más grande negociación
política que hayamos vivido los venezolanos en nuestra historia. Y se trata del
rescate de la legitimidad entre los venezolanos de la negociación y transacción
política, democrática, muy lejos de los acuerdos cogollocráticos y también del
voluntarismo militarista. Ya podemos hablar de negociación política sin que nos
quede por dentro el mal sabor de la degeneración de lo político entre los
venezolanos.
La
Unidad Democrática surgió de nuestro propio devenir histórico. Hunde sus raíces
en los mejores proyectos democráticos y civilizados que hemos tenido en nuestra
historia, para lanzarnos hacia el futuro, nuestro propio futuro. Y en el camino
tuvimos que padecer los errores propios de grandes procesos colectivos:
enfrentar la tentación autoritaria desde la lucha intestina de intereses,
alejados del espíritu democrático.
Ante
los errores y fracasos de una oposición, cuyo liderazgo estaba ajeno del
devenir histórico, del “espíritu nacional”, con escasa cultura política y
democrática, surge la Unidad Democrática para señalar el rumbo, de largo
aliento, como toda solución que implique el respeto por los principios
universales de la democracia y de los derechos humanos.
La
Unidad Democrática cambió el norte de la oposición venezolana, pues no se trata
de salir de Chávez como sea, sino de salir de lo que el chavismo ha
representado, sin menospreciar las grandes denuncias articuladas por este
acontecimiento político que eran –y siguen
siendo- oportunas y legítimas. Se trata de salir de la irresponsabilidad en el
manejo de los asuntos públicos, de la improvisación, del desprecio por la
institucionalidad y legalidad democrática, del personalismo en el ejercicio del
poder, del centralismo burocrático regresivo, del irrespeto por la cultura de
los derechos humanos, del sectarismo y la intolerancia, de la exclusión y
discriminación ideológica, de la confusión entre partido político, gobierno y
Estado, de la manipulación sistemática, del sacrificio de los valores humanos
por intereses ideológicos y del aferro corruptor al poder, inclinaciones que
también hunden sus raíces en nuestra historia, pero en lo peor de nuestra
historia.
Haber
cambiado el “enemigo” de la oposición venezolana, despersonalizarlo
reflexivamente, trascender la visión cortoplacista y el desprecio por el pueblo
chavista, ha sido el gran logro de la Unidad Democrática, que amerita empeño e
impulso para consolidarlo.
Lo acontecido e impulsado por la Unidad
Democrática, es el punto de arranque para consolidar la democracia en el país, conjurar
la pulsión heroica en política, conquistar más civilización, más sensibilidad
ciudadana y social. Para crecer como pueblo.