lunes, noviembre 27, 2006

Historia... y muchas veces


“La literatura también es un buen basamento

para encontrar divertidas consecuencias

en lo repudiable, enseñanzas en lo innecesario,

sentido e ilación a escenas ridículas…” (p. 143)

Federico Vegas elabora y recrea de manera elegante, sutil y femenina (“¿Por qué la feminidad será tan centrífuga?”, p. 160), dos momentos trascendentes de su vida: la primera vez que decide ser escritor y lo derrota la realidad, y la segunda vez que triunfa, pero triunfan más sus lectores.

Es que Historia de una segunda vez es el testimonio, la confesión vital de un hombre inteligente, de uno de esos tíos sabios que uno quiere siempre tener a la mano. Una mirada lúcida, reflexiva, humilde y elegante de la tormentosa e intensa adolescencia vivida por un caraqueño sensible que tiene edad de merecer a principios de los ’70 del siglo pasado, capaz de armar frases inteligentísimas y de un cuidado en la observación, en la mirada, en la descripción… de una elegancia, en definitiva, muy femenina. Quizás su amor por las ciudades, por la arquitectura, hace que arme una narración de exquisita formalidad, sin descuidar la profundidad de un alma que se analiza constantemente, que se ve sin miedos, sin temores, pero con mucha humildad… y con fino humor. Y desde allí ve la ciudad y el mundo.

Uno lo sigue a través de su decisión irrevocable de ser escritor, de matar mundos para imponer el de su fantasía y sensibilidad, de esa manera intensa de amar a sus mujeres con toda la entrega posible, con toda la obsesión que lo llevan a un psiquiatra que decreta su locura… Una locura corriente y sublime a la vez, ingenua y perturbadora, que solo un psico II, armado de cultura helénica y amor por la humanidad lo entiende, lo encamina, lo deja ser… Hay una celebración por la buena psicoterapia, una alabanza por eso seres que se dedican a comprenderlo a uno en medio del dolor que significa ser humano, repito, lo que significa ser un ser humano, abierto al mundo…

Es un testimonio hermoso contado por un ser humano íntegro, que desnuda la belleza sin esconder bajo la alfombra la sombra, lo oscuro que lo habita, sin esconder la confesión de tener un jardín privado como diría es gran escritor que tanto recordé mientras leía Historia…, Manuel Vicent.

Y no sólo recordé al escritor de Vilavella, sino las novelas esas confesionales como La tía Julia y el escribidor, del maestro Vargas Llosa, sin la arrogancia de un recién salido de la adolescencia contando su experiencia, sino de un tipo calmo, que respira antes de anotar cada frase, consciente de que “Hay gestas que no esperan por sus protagonistas” (p. 117).

Es integral la historia biográfica del hombre que se ve atrapado por la realidad de su familia, ciudad y país, y se adapta a las exigencias sociales después de un sacudón emocional de una vocación imposible temporalmente, que evidentemente la vida o el azar, o dios o el diablo, lo empujan a vivir, a sentir, a crecer, para después contarnos esa enormidad de un cuarto de siglo marcados por dos veces, la segunda que es para celebrar como lectores: Falke… Una obra maestra que tuvo que esperar 25 años, de seguro valió la pena…

Hace pocas horas descubrí que también el tío Vegas había publicado un libro de cuentos llamado El borrador, que uno de esos cuentos los leyó en una noche de envidia en Chacao, pero como no sabía de esa publicación pregunté por ahí y nadie me respondió, pero hurgando en la red supe que también hay otra novela sin leer: Prima lejana… Ya me acercaré a esas obras.

Agradecido como lector, me duermo…

lunes, noviembre 20, 2006

Los muchos libros de los nuestros...


Tengo la sensación grata de un lector desbordado por los textos que siempre quise que me desbordaran: los de los escritores venezolanos. Antenoche comencé a leer Historia de una segunda vez del autor de esa enorme novela llamada Falke, que merece el próximo premio Rómulo Gallegos o dejo de leer a los premiados...

Decía que comencé a leer Historia de una segunda vez y me atrapó tanto que amanecí leyendo un domingo en la mañana con ganas de que no se acabara, como ocurre con esas lecturas intimistas, reveladoras, que acontecen tan cerca de uno… Vegas tiene el don de la palabra, de esa exquisita forma de narrar que a uno le provoca decir, ¡coño!, por qué tardó tanto en publicar. Ya espero con ansiedad El borrador, que según he leído, es una colección de excelentes cuentos, ¿ya lo publicaron?... Sólo me detuvo la segunda temporada de 24, que vi con demencia de un solo golpe...

Y voy a la mitad de Breviario galante, de Roberto Echeto, y quiero decir algo sobre Los imposibles de Leonardo Padrón, mientras he abandonado ya casi al final País de plomo, de la excelente periodista colombiana Juanita León, y ya casi tiro al olvido Abril rojo, y me espera el Miranda de Juan Carlos Chirinos, El horizonte encendido de Rafael Osío, Lluvia de Victoria De Estéfano, Luisa y Cristóbal de Tarre Briceño… Y me siento desbordado por quienes comparten mi cédula de identidad y eso que no llega La enfermedad de nuestro Barrera Tyszka…

Pero mientras tanto, he decidido leer esta noche dos cuentos de la excelente colección De la urbe para el orbe (Alfadil, 2006), de nuestros escritores jóvenes… Comencé con Un ángel y un demonio de Enza García y seguí con Amalia de Jorge Gómez Jiménez, sorprendiéndome con la genialidad con que Enza nos muestra el rompe de parámetros morales, nos reconcilia con lo que en occidente tanto se ensombrece al influjo de principios cristianos y nos cuenta con lucidez enceguecedora una intrincada historia de amor… Y Jorge, con un lujo formal nos echa el cuento de un pedo inoportuno, de manera desvergonzada y gozosa… Me iré a dormir feliz, pero antes leeré otro texto galante del cercano Roberto Echeto, mientras me tomo un whisky…

lunes, noviembre 13, 2006

Descubriendo a Israel y sus Criaturas...


Hace poco tiempo descubrí que Israel Centeno es un gran escritor y es coterráneo venezolano (antes apenas lo vi mencionado, de pasada). Hace apenas días leo en la bitácora de Juan Carlos Chirinos, que le publican Iniciaciones en España y entra de lleno, según el propio Centeno, en las grandes ligas de las letras hispanas. Juan Carlos nos entusiasma y comienzo a leer lo que encuentro en la red de Centeno. Algunos cuentos, su blog y unas buenas entrevistas. Pero fue en la reciente Feria Internacional del Libro en Valencia, en la cual me conseguí Criaturas de la noche (Alfaguara 2000), que me encontré de verdad con el escritor Israel Centeno (esa cosa del libro en la mano, ¡cómo sigue marcando mi experiencia de lector!).

Se trata de cuatro cuentos vinculados por lo fantástico, lo macabro y esos seres y miedos perturbadores que habitan en la sombra de los seres humanos. Me gusta la soltura con que Centeno se adentra en profundidades de la psique humana, sin temor, y nos muestra literariamente viejos y eternos tormentos del hombre, con personajes que gustan de la nocturnidad. Se trata de una mezcla feliz de las angustias poéticas de nuestro Ramos Sucre, lo onírico de Ednodio Quintero y otros hurtos más (Lovecraft, Donoso…) con la excelente imaginación y capacidad narrativa de Centeno, que le permite insertarse dentro de nuestra tradición literaria aportando elementos que tienden convertir los cuentos comentados, en universales.

Hay que ser atrevido para bajar hasta el inconsciente, hasta lo más profundo de la psique y salir con perlas literarias como las contenidas en Criaturas de la noche, y luego insertarlas dentro de la tradición fantástica y monstruosa de la literatura occidental. Este esfuerzo literario de Centeno nos enlaza a los venezolanos con cuestiones universales, que han sido cultivadas en otros lares con mucho provecho para la mentalidad colectiva. Sabíamos que estábamos habitados por lobos monstruosos, condes de ultratumba, practicantes de sectas diabólicas, casas embrujadas, que tanto han enriquecido la cultura europea y sobre todo anglosajona, pero todavía nadie se había afanado por enlazarnos con esa tradición occidental, que tanto ha revelado a los estudiosos de la psique humana. Todos los relatos de Criaturas de la noche ponen a andar en parte de nuestra geografía (Caracas, Galipán, El Ávila…), ciertos monstruos de la tradición fantástico-macabra europea (lo gótico), dándole un jalón a nuestra tradición literaria, rompiendo con el realismo mágico (por los temas, es fácil emparentar a Centeno con el Crack mexicano), y lejos, muy lejos de lo galleguiano, gracias a Gallegos.

Una vez más consigno mi disgusto que parece ser el disgusto de una generación de venezolanos: ¿Por qué somos tan maulas con nosotros mismos en el terreno de la literatura? ¿Por qué vengo a enterarme de la existencia de Criaturas de la noche seis años después de su publicación, cuando leo con frecuencia la prensa y visito librerías? Seguiremos luchando para que las generaciones más jóvenes puedan leerse, criticarse, promocionarse, y sobre todo, que podamos tener escritores y artistas que vivan dignamente de su trabajo por lo valioso y bueno de sus producciones, sin doblegarse ante el Estado ni tengan que jalarle bolas a editores del mundo editorial privado.

Mucho gusto, Israel, a mis 37 años y con no menos de 27 como lector, vengo a enterarme de que desde hace 14 años ya estabas creando literatura tan interesante y buena como la hecha en España, México, Colombia, Argentina… durante esos mismos años, y que yo leía pensando que en Venezuela no se escribía como en esas tierras.