domingo, abril 14, 2013

El país por el que voto hoy, 14 de abril


Voto por un país demócrata. Y quienes somos demócratas sabemos que con eso lo decimos todo, pero hay que repetir, una y otra vez, lo que significa este modo de ser ciudadano, de estar en sociedad, e incluso, de vivir. Pues no se llega a ser demócrata tan fácil como se es autoritario, personalista y militarista. Para esto último no se requiere reflexionar, intercambiar criterios, estudiar, pensar, debatir, sentir y sentirse. Basta con un instinto, con renunciar a la independencia de criterio, con renunciar a la complejidad de la existencia humana y abdicar a la libertad, que es renunciar a la esencia humana.
Para ser demócrata se requiere una educación sentimental, una sensibilidad que se va forjando con la evolución espiritual, en medio de un constante autoexamen, como ser individual y ser coexistencial. Se requiere tener conciencia de su individualidad, de su soberanía como ser humano, en medio de la coexistencia social, indivisible (aunque separable) en esta vida que nos tocó. Se requiere tener conciencia de los derechos de los cuales se es titular, pero teniendo presente que esos mismos derechos le corresponden al semejante, en igualdad de condiciones, sin discriminaciones, y que en la medida que el otro conquista más derechos, también nosotros los conquistamos.
La democracia se manifiesta en formalidades como la vigencia plena del Estado de derecho y en el respeto y garantía de los derechos humanos, que son emanaciones de la dignidad humana, que se vienen reconociendo desde hace siglos y que tienen una vis expansiva impresionante, en la lucha por la libertad del ser humano, en sus distintas dimensiones.
Las formalidades democráticas son las garantías de la convivencia civilizada, y quiero decir con civilizada, una vida digna, con las herramientas intelectuales y materiales mínimas para desplegarse en el mundo. Eso es lo que un Estado decente y civilizado debe proporcionarle a un ser humano: el mínimo indispensable para que cada ser humano se despliegue vitalmente. Y ese mínimo es imposible sin normas claras, sin conductas previsibles y sin un gobierno eficiente en el cumplimiento de sus deberes.
La democracia no requiere de un Estado avasallante, que quiera proporcionarle todo a todos, sino de un Estado que se encargue de allanar el camino que requiere el ser humano para buscar sus propios sueños, para buscar su propia felicidad. Un Estado que proporcione seguridad, educación, salud e infraestructura adecuada para la vida en común, a expensas de los ciudadanos, en la medida de sus posibilidades. En eso se resume un teoría del Estado basada en los derechos humanos.
No quiero un Estado que pretenda indicarme cómo ser feliz, cómo debo pensar, a quién debe amar o a quién odiar. No. No quiero un Estado que me quiera proporcionar todo lo que necesito, a expensas de mi independencia y soberanía individual, y con parámetros de mi necesidad establecidas por un pequeño grupo que se haya arrogado semejante función. Un Estado así, deja de ser democrático, por muy buenas intenciones que tengan sus líderes, pues ya sabemos que de eso está alfombrado el camino hacia el infierno.
No quiero un Estado redentor o que pretenda salvarnos, porque ya sabemos que cada vez que se trata de implementar terminamos con un montón de cadáveres y con un gorila montado en el poder, como decía Cabrujas.

Hoy, 14 de abril, voto por eso. Creemos que podemos ser felices a nuestra manera, con plena soberanía individual, sin que pretendan colectivizarnos. Voto por un gobierno que se dedique a resolver los problemas colectivos, a atender a los más necesitados, para que conquisten su independencia y puedan buscar libremente su felicidad. En eso creemos quienes votamos por la democracia. Y en este voto incluyo toda la vida mía. 

viernes, octubre 12, 2012

Explicación del 7-O para Santiago (y II)


Naciste, querido hijo, y no tenemos un demócrata como Presidente de la República, como te lo había prometido, con gran alegría y optimismo.
Te beso, Santiago, recién salido del vientre materno y se me espanta la desolación que nos dejó los resultados de un debate/combate electoral, que a duras penas podemos calificar de legítimo y democrático. La agrura reciente se me disipa y entra tu belleza recién hecha a llenarme de contentamiento, de esperanza, de alegría y de futuro.
Es inevitable que te involucre en mi vida de ser coexistencial, como somos todos los seres humanos, como eres tú. Es imposible que no te afecte la lluvia de confusiones que se ha cernido sobre nuestro país. Uno lee, Buruso, todo lo que le gente piensa sobre el último acontecimiento político, y pasa de sentir que Algo bueno está pasando a que una bomba cuántica cayó en Cabudare.
Claro, hay matices. Hay gente que está pensando con seriedad en el país desde hace muchos años y comprende que estamos viviendo un proceso histórico de largo aliento. Que no será fácil terminar de madurar como país, como sociedad política, que aún hace falta llegar al consenso general sobre el mínimo común denominador que nos identifique como venezolanos. Que crecer duele, como se ha dicho de múltiples manera desde los héroes de Homero hasta los protagonistas de la Venezuela heroica.
He comprendido que es fácil caer en la tentación de despreciar y despachar con una descalificación al otro, al distinto a nosotros, a quienes no comprendieron que Hay un camino distinto para llegar, no a la felicidad (asunto personal), pero sí a la tranquilidad que da tener un Estado decente, un gobierno sensible, con instituciones sólidas y un marco jurídico general y eficaz, en vez de una voz, de un redentor, de un enviado, de un reencarnado que tiene la pretensión de ser el gran conductor hacia la felicidad general y mundial, y que se cree por encima del orden jurídico y de los derechos humanos.
Ya sé, hijo, que lo único que tú quieres en este momento es un lugar acogedor para dormir, semejante al vientre de tu linda madre, que estas angustias mías están muy lejos de tu desesperación por succionar el líquido amoroso y alimenticio que surge de tu progenitora. Pero mientras te cambio los primeros pañales pienso en ti, en la manera de facilitarte y abrirte caminos para que busques tu propia felicidad y no la que un ser envilecido por el poder pretende que sea tu felicidad.
Mientras limpio los restos de tu cordón umbilical, con alcohol absoluto, suavemente, pienso que pertenezco a un lote de los venezolanos que permitimos que nos incomunicaran con el otro lote, que acepta gustoso, en su mayoría, uniformarse de rojo y repetir con alegría frases que se le ocurren a quien se cree protagonista y líder de la paz planetaria.
Hay que enfrentar la pretensión de convertir el espíritu de superación en anatema, hay que enfrentar a quien sostiene que criticar la incompetencia y la ineficiencia es una conspiración imperialista y de la derecha mundial, pero hay que acercarse, recuperar la hermandad con quien prefiere creer en estas cosas, y saber las razones de su posición. Hay que acercarse para acordar con esos seres humanos, coterráneos, y precisar los puntos en común, el consenso mínimo para terminar de construir este país.
Tarea titánica que ya se inició, Santiago. Vamos bien encaminados. No será fácil, no será rápido, pero si queremos tener un país que realmente nos pertenezca, tenemos que trabajar todos los días. Con lucidez, con el corazón abierto, dispuestos a ceder para conquistar civilización, derechos, para todos.
Crecer duele, Santiago, y tú lo sabes. ¡Tú que pasaste de medio centímetros hace apenas ocho meses a cincuenta centímetros en estos momentos! ¡Tú sabes lo que es crecer!
¿Y si es eso, querido hijo? ¿Y si se trata de emprender el camino de llegar a grande?

viernes, octubre 05, 2012

Explicación del 7-O para Santiago


Santiago es el ser más chiquitico de toda la familia. El domingo siete de octubre cumplirá 37 semanas y cuatro días. Permanece perfectamente encajado en el vientre de su maravillosa madre, se ha puesto con elegancia un doble collar con su cordón umbilical (coqueto él), y se prepara para el alumbramiento este martes nueve de octubre. Todo está encaminado para darle la bienvenida a este mundo, en medio de este alborozo que implica nacer en tiempos interesantes.
Santiago ya es beneficiario de serios compromisos de quienes creemos firmemente en la democracia y en el futuro promisorio de este país nuestro. Cuando nazcas, hijo mío, ya contaremos con un demócrata como Presidente de la República, electo por la mayoría de los Venezolanos. Un demócrata formado en democracia y que asumió con seriedad su oficio de político, de servidor público. Es grande el optimismo que nos ha despertado este ciudadano de bien, este flaco que se ha echado sobre sus hombros la esperanza de millones de coterráneos tuyos, de seres humanos con quienes compartirás una cédula de identidad, crepúsculos, mar, montañas y calidez humana. Nosotros nos encargaremos de que te sientas orgulloso de haber llegado al mundo en esta tierra de tanta luz y bullicio.
Santiago, nacerás en un momento de altas emociones, de decibeles elevados de pasión, tensión y esperanza colectiva. Pero es que así es nuestro país, un país que se ha negado de manera constante y –como diría tu abuela materna- sistemática, a ser uniformado por un pensamiento ideológico antidemocrático y antilibertario. Son muchos los seres humanos que se han fajado para que tú nazcas en momentos de mucha esperanza en el futuro, de un sentimiento compartido: “Venezuela tiene más futuro que pasado”. 
Estoy seguro: te encantará crecer en esta tierra bendecida por los dioses y que te brindará todas las oportunidades para que crezcas sano, feliz y divertido, con mucha alegría, rodeado de amor, seguridad y solidaridad.
Para que cuentes con el camino de paz y tranquilidad, los adultos que te esperan ejerceremos un derecho este domingo 07 de Octubre, un acto democrático, civilizado y pacífico, mediante el cual demostraremos  ser ciudadanos de bien, electores de tu felicidad y la felicidad de todos, amantes de la felicidad pública; acto que de manera decisiva influirá en tu vida, en tu vida que es más futuro que pasado, como esta Venezuela nuestra.

Ver la segunda explicación luego de los resultados del nacimiento de Santiago

lunes, septiembre 03, 2012

La hora del venezolano demócrata


Si Juan German Roscio hubiera vivido en nuestros tiempos, es muy probable que estuviéramos escuchando su voz, como escuchamos la de Luis Castro Leiva el 23 de enero de 1998, preguntando por los venezolanos amantes de la felicidad pública, que, hoy, no son otros sino aquellos que creen profundamente en la democracia y los derechos humanos como elementos fundacionales, constitutivos, guiadores y nortes de la vida en común.
Es que son los tiempos del venezolano de bien. Y lo son, porque llegó la hora de enfrentar lo peor que nos habita a los venezolanos en nuestra vida pública, en el ejercicio de nuestros derechos políticos. Y es en nosotros mismos que tenemos que buscar las virtudes cívicas tan pisoteadas y maltrechas en los últimos tiempos, tal como lo comprendió San Agustín en su particular búsqueda de Dios: “Y yo que te buscaba fuera de mí y tú que esperabas dentro de mí”.
Es cierto que la historia venezolana está llena de muchos hueros, de actuaciones públicas vergonzantes, que no son más que proyecciones sociales de los vicios que nos habitan como seres humanos, en los cuales parecieran solazarse quienes viven predicando nuestra inviabilidad como República o como Estado moderno. Pero también es cierto que hay en esa historia actuaciones sociales, colectivas o individuales, muchas veces formalizadas en actos políticos o jurídicos, que nos pueden llenar de orgullo y que deben ser la fuente de energía cívica para mirar y caminar hacia el futuro. Digo esto y es imposible no recordar a ese venezolano de bien, don Augusto Mijares y su concepto de lo afirmativo venezolano.
Estar entre los primeros pueblos de América que conoció, divulgó y que trató de poner en práctica, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa, significa que tenemos en nuestros genes históricos un incuestionable amor por la libertad. Un amor muy superior a toda esa parafernalia tramposa que se fundamenta en la “historia” o mitología heroica y la invocación de la patria y el patriotismo, llevada al extremo por el Gobierno chavista, que en estos tiempos ya tiene tintes cavernosos y que los venezolanos tenemos que jubilar de manera definitiva.
Ese amor por la libertad trajo como consecuencia que en Venezuela se reuniera una ilustración preindependentista, conocedora de las ideas políticas más avanzadas del mundo entero, que se ubicó a la altura de los hombres de ideas de su siglo. Es a ellos a quienes tenemos que aprender a recurrir, consultar y citar, para conjurar tanta proclama heroica que  invoca en nosotros el autoritarismo y el mesianismo.
En la historia de la mentalidad venezolana, hay un hilo libertario que parte –o se impulsa- desde la ilustración preindependentista  y que atraviesa toda nuestra historia, y que en estos tiempos se concreta en ese gran fenómeno político que constituye lo que ocurre alrededor de la Unidad Democrática.
No sólo hicimos recepción de las mejores ideas políticas del siglo XVIII y XIX, sino que protagonizamos actos políticos y jurídicos concretos que las ponían en movimiento en la realidad, con todas las críticas que se puedan elaborar a sus protagonistas, que no hacen sino confirmarlos como actos trascendentes desde el punto de vista colectivo.
Fuimos uno de los primeros pueblos de América y del mundo que eliminamos formalmente la esclavitud, conjuramos las peores pretensiones monárquicas y acogimos la República como la forma más justa y libertaria de organizarnos políticamente.
Venezuela fue el primer país del mundo que eliminó de la esfera jurídica la pena de muerte en la Constitución de 1864. Este es uno de los actos jurídicos que más nos llena de orgullo a quienes creemos seriamente en los derechos humanos como síntesis de la civilización universal.
El divorcio como institución liberadora y la enseñanza primaria obligatoria, son banderas del pensamiento liberal del siglo XIX que Venezuela puede izar con orgullo. Estamos entre los primeros países que consagraron estas conquistas del ser humano.
Nuestro siglo XX está lleno de proezas cívicas. Todo el impulso hacia la modernidad política, cultural y social protagonizada por la llamada Generación  del 28, todavía no terminamos de vivirlo. Tal como sostiene Manuel Caballero, este hecho fue el acontecimiento histórico protagonizado a conciencia por una generación de venezolanos, que bajó de los caballos el ejercicio de la política y sentó las bases para la discusión de ideas y pensamientos, como protagonista de los debates (que no combates) públicos, quitándole legitimidad a las armas y la violencia como herramienta de lucha política.
Mientras la mayoría de los países latinoamericanos vivían en la oscuridad de las dictaduras, Venezuela protagoniza el 14 de febrero de 1936 el primer acto que inaugura nuestra democracia: una marcha cívica, pacífica y con fines de transformación política. Y lo logró: se restablecen las garantías constitucionales, se suspende la censura a la prensa, se sanciona el abuso de poder y el Presidente de la República aprueba un plan de gobierno en consenso con los requerimientos de la organización social que condujo la manifestación. Teníamos un presidente demócrata a pesar de ser hijo del gomecismo.
De manera que no es la muerte de Gómez la que abre el paso hacia el siglo XX en Venezuela como lo expresa el gran Picón Salas, sino que lo es una manifestación democrática. Esto significa que tenemos una democracia que ya va para los 80 años, diría nuestro Manuel Caballero.
Se inicia la era democrática venezolana y ese hilo conductor de la nación cuenta con actos protagonizados desde la sociedad civil y desde el Estado, en una constante diatriba, silente pero con persistencia. No es cierto que en la sociedad venezolana no haya existido una oposición constante al Estado y su poder, sí ha existido y ha venido desde distintas esferas y en distintas intensidades.
Esa imagen que nos trata de hacer ver como una manada de borregos que siguen a los hombres providenciales en sus desmesuras, no deja de ser una visión pesimista y alejada de la realidad de nuestra historia. Ha habido momentos que parecieran de claudicación ante el poder del Estado y de sus caudillos, pero también ha habido despertares y reservas que no han dejado de luchar por la libertad.
La fundación de los partidos y movimientos políticos modernos desde 1936 hasta nuestros días es una manifestación clara del amor por la libertad del venezolano, que ha tenido fechas memorables y celebrables como el 23 de enero de 1958.
Hay en toda la lucha armada de la izquierda venezolana durante los años 60 y 70 del siglo pasado, momentos rescatables para la historia de la libertad en Venezuela. Sacrificios, luchas, manifiestos, ideas e interpretaciones de nuestra realidad, que a pesar de los errores de sus protagonistas, son manifestaciones claras del hilo conductor de la sociedad venezolana cuyo inicio hemos ubicado en la ilustración preindependentista.
Y desde el Estado, durante la satanizada Cuarta República, se llevó a cabo la mayor tarea de democratización y modernización de Venezuela, como nunca antes. Lo logros de esta etapa de la historia no han podido ser ni podrán ser desmontados o borrados por el mesianismo que hunde sus raíces en lo peor de nuestra forma de hacer política.
¿Nos ciegan los deslumbres de la democracia de la mal llamada Cuarta República? Pues no, ahí están los tremendos errores que cometieron, sobre todo, esos grupúsculos de malos políticos que conformaron los cogollos y que ahogaron las mejores iniciativas para profundizar la democracia del Estado y la sociedad venezolana, incluidos los partidos políticos, y con esa resistencia antidemocrática produjeron la exclusión de grandes sectores sociales que al final terminaron pasando factura con la elección de un  candidato que venía directo del peor caudillismo del siglo XIX, aunque él piense y le hagan pensar que es la síntesis de los revolucionarios del siglo XXI.
Sin embargo, la última década de la llamada democracia puntofijista estuvo marcada por hechos y actos que forman parte del acontecer libertario en Venezuela. El movimiento de las organizaciones de la sociedad civil, como formas de enfrentar y buscar salidas al ahogo de los grandes partidos políticos, movilizó favorablemente a la sociedad venezolana, aunque la exacerbación  de la antipolítica, atizada desde los grupos formadores de opinión, le hizo perder sus objetivos.
La elección libre de gobernadores y alcaldes, la descentralización política y administrativa, el voto uninominal, la creación de la justicia de paz, entre otros cambios, era el camino correcto para la mayor participación social, pero las ideas de Caldera se habían quedado en los años 70. El último presidente de la “partidocracia”, no creyó en la descentralización, la frenó y abortó los planes diseñados durante el mejor año de la democracia al final de la Cuarta: el gobierno interino de Ramón J. Velásquez.
No tengo la menor duda de que en los primeros años del gobierno chavista, hubo un resurgir del ánimo libertario. Ese ánimo quedó plasmado en muchas partes de la Constitución aprobada durante la Asamblea Constituyente de 1999, principalmente en todo lo relacionado con la consagración de los derechos humanos y la fuerza que se le da al Poder Judicial. Ese animus libertario se ahogó cuando el autoritarismo y verticalismo personalista del gobierno se hizo presente, y se puso en escena la verdadera esencia de este gobierno chavista: desprecio por las formalidades democráticas, militarismo, sectarismo, culto a la personalidad, caricaturización de la separación de poderes, irrespeto por los derechos humanos, todo con revestimiento y justificación tramposa de la lucha contra la pobreza y exclusión social.
Mientras tanto la oposición se movía en la incertidumbre. Se pretendió doblegar a la fuerza al chavismo y en ese trance el gobierno salió favorecido.
No obstante, el hilo conductor democrático, sin mucho aprecio por quienes manejaban las riendas de la resistencia al chavismo durante la primera década de su dominio, cual demiurgo, permanecía latente y logró su acomodo y actual esplendor en la Mesa de la Unidad Democrática, el gran fenómeno de negociación política y democrática de arranque del siglo XXI, sin precedentes en nuestra historia.
Un gobierno desorientado, conformado quizás por el grupo más ineficiente, incompetente y corrupto que ha tenido Venezuela en su historia, que ha dilapidado una fortuna semejante a la administrada por toda la Cuarta República, se enfrenta a lo mejor del civismo venezolano.
Henrique Tejera París tiene razón cuando sostiene que en Venezuela se ha implementado el peor escenario de la decadencia de una democracia: la kakistocracia o el gobierno de los peores, los más ineptos e incapaces.
En contrapartida, el liderazgo de la oposición se ha venido decantando y no hay duda de que hoy está conformado por un grupo de los mejores venezolanos, que se han dedicado a diseñar el plan de gobierno del candidato electo democráticamente, en elecciones libres y abiertas a todos los venezolanos. ¿No hay allí una manifestación del demiurgo democrático y libertario del venezolano?
Es la hora de quienes no solo creemos y nos duele Venezuela, sino de quienes sostenemos que sólo con democracia, con respeto por el Estado de derecho y los derechos humanos, que sólo con tolerancia y mentalidad abierta al otro, al distinto, que sólo mediante la selección de los mejores venezolanos y los mejores proyectos, podemos continuar hacia el futuro y el progreso.
No hay duda, es la hora del venezolano de bien, del amante de la felicidad pública, de quienes creemos en la cultura democrática, profundamente marcada por los valores que inspiran los derechos humanos como síntesis de la civilización universal.