I
Ella, la de ella
Ella camina y se come el mundo. Habla, sonríe y quita el aliento. Y uno se pregunta, ¿estará consciente de esa enormidad? ¡Qué importa! Es ella, la de Ella
Ella, la mía
Fue como un asalto, como una violación visual, y se enterró en lo profundo. Le puse agua y germinó. Ahora crece y se extiende. La siento en el pecho, en el abdomen y miro el mundo a través de Ella, la mía.
Ella, la de ella
Su mirada no sólo es óptico-lumínica, como diría el filósofo de Tusmare. No sólo es visual su mirada. Mira con todo el cuerpo, y uno desarmado, sólo atina a contemplar y a aguardar un profundo silencio. El silencio de uno es la respuesta. ¿Estaré citando a San Agustín? Mi mirada era la pregunta, dice el Obispo de Hipona, su belleza era la respuesta.
Ella, la mía
Lo sé. La he fabricado con mi deseo y con ayuda de “la loca de la casa” como diría Santa Teresa de Jesús, pero, ¿quién es el otro sino el que uno desea que sea? Eso lo preguntó alguien que ahora no tengo ánimos académicos para averiguar entre mis libros quién diablos fue. Lo único que sé, es que Ella es mía.
Ella, la de ella
¿Qué hace cuando se le atraviesa un enamorado, un Cronopio que adora el olor de las flores y en vez de arrancarlas duerme una siesta a su sombra? ¿Se enternece? ¿Se asusta luego? ¿O piensa cómo diablos no lastimarlo? ¿Aceptará los labios que se le ofrecen? ¿Dirá que no, así, sin tomarse la molestia de pensarlo? ¿Caminará tan rápido?
Ella, la mía
Está abierta al mundo. Es libre.
Ella, la de ella
¿Apelará a su orgullo? ¿Se le olvidará el orgullo del otro? ¿Alegará la dignidad del otro? ¿Y el otro no piensa, no es orgulloso, no es enorme, no es digno? ¿Y el otro no piensa, no va, no actúa? ¿El otro sólo espera? Ella decide, ella es capaz de olvidar, y, ¿el otro no será capaz? ¿Será tan débil, vivirá de fantasías, de expectativas no causadas?
Ella, la mía
Es.
II
Cargo con Ella en el centro de mi masa colorada (¿fue Kipling o Tito Fernández quien lo dijo?). Cargo placenteramente con Ella. ¿Me duele? A veces me duele. ¿Te molesta mi amor?, casi canto con Silvio Rodríguez. ¿Te molesta?
Lo ideal es que se junte Ella, la de ella, con Ella, la mía. Es lo ideal. Siempre somos dobles. ¿Y si se juntaran, y si se fusionaran? Se completaría mi ansiedad, se completaría mi amor.
Pero, como dice el Gran Poeta, Pablo Neruda (así concluyo):
Sabrás que no te amo y que te amo
puesto que de dos modos es la vida,
la palabra es un ala del silencio,
el fuego tiene una mitad de frío.
Yo te amo para comenzar a amarte,
para recomenzar el infinito
y para no dejar de amarte nunca:
por eso no te amo todavía.
Te amo y no te amo como si tuviera
en mis manos la llave de la dicha
y un incierto destino desdichado.
Mi amor tiene dos vidas para amarte.
Por eso te amo cuando no te amo
y por eso te amo cuando te amo.
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