lunes, abril 09, 2012

Entre el vacío de poder y el golpe de abril


El proceso histórico democrático venezolano tiene en los sucesos del 11 de abril de 2002, el inicio del cierre de la conspiración de la antipolítica y su consecuencia más inmediata: la satanización de los partidos y organizaciones políticas. Toda democracia cuenta con el percance de la antipolítica dentro de su proceso de maduración y consolidación. Si no, revisen la historia de las democracias más sólidas de Occidente.
A finales de los años ´80 del siglo pasado, en Venezuela, ante la falta de profundización de la democracia interna de los partidos políticos hegemónicos y su crisis de representación consecuencial, surge el movimiento antipartidista y antipolítico. Una manera equivocada –nos damos cuenta hoy- de enfrentar el problema. Organizaciones de la sociedad civil, gremios empresariales y de otra índole, pretendieron suplantar las funciones naturales de los profesionales de la política práctica (para diferenciarlos de los politólogos o estudiosos de los acontecimientos políticos, profesión interdisciplinaria, por cierto) y de sus organizaciones: los partidos políticos.
Recordemos que el caudillo del actual gobierno se montó sobre esa tesis: a los políticos había que pulverizarlos. Ser político era sinónimo de corrupto y traidor. El caudillo no era político sino soldado, heredero de los libertadores y escogido por el pueblo para la venganza histórica.
Por eso los líderes de la oposición en los primeros años del caudillismo chavista venezolano, no son políticos, sino empresarios, líderes de la sociedad civil y de otras organizaciones sociales (periodistas y dueños de los medios de comunicación). Los políticos habían sido relegados por las fuerzas reales de poder dentro de la oposición: los medios de comunicación y los gremios empresariales y sindicales.
Y como era esperable esos líderes de la oposición carecían de formación política, obviamente, y –resultó coincidencial- no tenían una sólida cultura democrática. Es la manera de comprender las decisiones tomadas por los “golpistas” de abril, o por quienes presidieron el “breve gobierno de facto” encabezado por Carmona Estanga. La disolución de todos los poderes constituidos, sin discriminación, sólo se le ocurre a alguien que no cree en las formalidades democráticas, esenciales para garantizar las libertades y los derechos humanos.
Pero decir lo anterior, no significa que los líderes de la oposición en los tiempos de abril de 2002, estaban luchando contra un gobierno democrático y respetuoso de las formalidades del Estado de derecho y de los valores fundamentales que inspiran los derechos humanos. Todo lo contrario, estaban enfrentándose a un gobierno con legitimidad electoral pero que no perdía la oportunidad para irrespetar los principios consagrados en la Constitución que ellos mismos hicieron aprobar en referendo nacional. Un gobierno que ya mostraba sus garras de autoritarismo militar y que no cumplía con los mínimos exigibles a una democracia del siglo XXI.
Las carencias democráticas del gobierno militarista de Chávez, no justificaban enfrentarlo con armas antidemocráticas y militaristas. Hoy comprendemos que la lucha contra un gobierno antidemocrático, militarista, caudillista, personalista, se debe enfrentar con mucha democracia, con acciones pacíficas, legítimas, aprovechando cualquier rendija para ejercer los derechos políticos. Sin embargo, para llegar a esa conclusión  que -en cierta manera-, es un valor esencial de la Unidad Democrática, hubo de cometerse crasos errores como los de abril de 2002, la abstención de 2005 y el paradojal protagonismo político de los antipolíticos. Pero la enorme reflexión colectiva protagonizada alrededor de la Mesa de la Unidad, ha hecho relucir la lección aprendida: la política es para los políticos, y en este trance, para todos los ciudadanos de bien, que están conscientes de su responsabilidad política.
Los venezolanos de hoy estamos viviendo la síntesis de dos procesos históricos claramente definidos: el proceso caudillista que viene desde el siglo XIX y el proceso democrático que hunde sus raíces en lo mejor de la ilustración pre e independentista, en las luchas civilizatorias del siglo XIX, en la generación del ´28 y del ´58, del siglo pasado (los movimientos más intensos en pro de la democracia que hemos tenidos en el país).
El enfrentamiento entre demócratas y caudillistas durará mucho tiempo en el país (es un enfrentamiento de dos mentalidades y culturas), pero qué representación de esos movimientos históricos logre estar en el poder el próximo año, se decidirá el 07 de octubre. De ese tamaño será la decisión de los ciudadanos venezolanos.

No hay comentarios.: