sábado, febrero 23, 2008

El olvido que seremos


Esta semana que andaba tratando de recuperar espacios, físicos y emocionales, luego de meses metido en mi trabajo de asesor, me conseguí, en casa de mi suegra que es mi mejor amiga, con las primeras páginas de El olvido que seremos, y no descansé hasta que terminé de leer el testimonio tierno y detallado, verídico, de un hijo que pierde a su padre, un hermoso padre, en medio de su lucha (la del padre) en contra de lo primitivo que aún somos en la vida pública. Héctor Abad Facciolince recurre a su memoria y nos cuenta la relación tierna, encantadora, sensible, de gran finura humana, que sostuvo con su padre, asesinado por los fanáticos paramilitares que han asolado a Colombia con el apoyo de su (des)gobierno.

Da envidia el padre del creador de esa obra desconcertante para los esquemas literarios modernos que es Tratado de culinaria para mujeres tristes y de la gozosa Fragmentos de amor furtivo, que tanto disfruté en su momento, pero genera angustia y compasión por el dolor de quien perdió a su padre, un luchador por un mundo mejor, más saludable, menos desigual, con menos gente hambrienta y víctima de enfermedades que se pueden prevenir con solo contar con agua potable y una buena alimentación…

Y esa relación de amor filial contada por Abad, le permite a uno ir revisando su propia historia como hijo y como padre. Esa historia que marca a los seres humanos de manera decidida en la vida. Mientras leía recordaba a mi viejo y comencé a querer más a mis hijos. Esas personas que son las más cercanas que uno puede tener en la vida.

Abad aprovecha para elaborar su particular Yo acuso, que ya nos enseñó hace más de un siglo Émile Zola, pero al mismo tiempo nos invita a revisar nuestra propia historia filial y paternal.

Un testimonio narrado por un buen escritor, pero que vivió en carne propia el sufrimiento de perder su ser más querido, su padre, quien lo armó para la vida con la comprensión y el amor infinito. Su padre, la razón por la cual, Héctor Abad, escribe y seguirá escribiendo, para el regocijo e introyección de sus lectores.

Así me presento de nuevo ante mis visitantes, luego de 14 meses de silencio “bloguérico”.

Un abrazo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Ana Bustamante dijo...

Hola, Cartu... Jairo!
Mientras escribo en esta ventana, aun me acompaña una taza de café y el buen sabor de boca que deja el primer sorbito mañanero.
Estoy sentada en la mesa de madera de mi cocina mirando-oyendo un reportaje sobre un libro de Krauze relacionado con Chávez y de pronto me cubrió una absoluta nostalgia de ti y de compartir una charla vespertina, un lamento chilango y, siempre de los siempres, tu sabia ironía.
Te dejo el suceso virtual que me llevó a buscarte en el Google y me permitió aterrizar en este espacio:

http://experiencia.indigobrainmedia.com/web/reporte/edicion109/#6/1

y aprovecho para buscarme ya mismito la novela que reseñas de Héctor Abad Facciolince a quien reconozco por la gran influencia femenina de su entorno familiar misma que transmite con mucha querencia en sus novelas.
Imposible olvidar "Manual de Culinaria para mujeres tristes" que se convirtió en mi recetario de cabecera desde que nuestra amiga "paseante" nos lo presentó en el forito de Letralia.

Me monto en este impulso para mandarte un apapachote.

Besos

A.

Krauze estará presentando el libro el 5 de diciembre, en Caracas. Por si...

Anónimo dijo...

Hola Yerba. Qué gusto encontrarte en mi rincón... Lo tengo de nuevo abandonado (el blog) pero ya regresaré... Cómo no recordar esos momentos de Letralia que tanto disfrutaba... Tiempos que no volverán o tal vez sí...
Cariños,
Cartu
P.D.: Por cierto, no dejas tus señas...

Anónimo dijo...

Cierto... Salí corriendo del blog sin dejar morusitas de pan. A ver si sirve esta dirección:
ab.bustamante@gmail.com

Saludos, hartos.
Ana